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El monstruo amigo mío

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Yo al principio no lo quería porque creía que él iba a comerme un pie.
Los monstruos son agarradores de mujeres, que se llevan una mujer en cada hombro y si son monstruos viejitos se cansan y tiran a una de las mujeres en la cuneta del camino. Pero éste que yo digo, el amigo mío, es un monstruo especial. Nosotros nos entendemos bien, aunque el pobre no sabe hablar y por eso todos le tienen miedo. Este monstruo amigo mío es tan pero tan grandote que los gigantes le llegan nada más que hasta el tobillo y él nunca agarra mujeres ni nada.

El vive en el África. En el cielo, no vive, porque si estuviera en el cielo, como Dios, se caería. Es demasiado grande para poder vivir por ahí por el cielo. Hay otros monstruos más chicos que él y entonces viven en el infinito, cerca de donde queda Plutón, o todavía más lejos, allá en el infinito o en el piranfinito. Pero este monstruo amigo mío no tiene más remedio que vivir en el África.

Dos por tres me visita. A él nadie lo ve, pero él puede verlos a todos. Además, se puede convertir en cualquier cosa que quiera. A veces es un cangurito que me salta en la barriga cuando me río o es el espejo que me devuelve la cara cuando me parece que la perdí, o es una serpiente disfrazada de lombriz que me hace la guardia en la puerta para que nadie venga y me lleve.

Ahora, hoy o mañana, el monstruo amigo mío va a aparecer caminando por el mar, convertido en un guerrero que más inmenso no puede ser y echando fuego por la boca. De un soplido va a reventar la cárcel donde lo tienen preso a mi papá y me lo va a traer en la uña del dedo chiquito y me lo va a meter en mi cuarto por la ventana. Yo le voy a decir: “Hola” y él va a salir a comprarme caramelos y chocolatines y una nena y se va a conseguir un caballo de verdad y vamos a salir al galope por la tierra, yo agarrado de la cola del caballo, al galope lejos, y después cuando mi papá sea chiquito yo le voy a contar las historias del monstruo amigo mío que vino del África, para que mi papá se duerma cuando llegue la noche.

Patricio Manns- Pascua Lama

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Se mueren los glaciares de muerte lenta.
El glaciar nació altivo y era agua pura
pero muy pronto el hombre la puso dura.
Puso la soga al cuello del agua clara
y era como si fuera una cuchara de hiel artera,
de hiel artera.

Arde el aire del mundo, el calentamiento
y los glaciares sufren ancho tormento.
El calor los golpea sin miramientos
y a ojos vista se esfuman con descontento,
con descontento.

El agua es para el hombre fuente de vida.
Nadie vive si el agua termina herida.
Nadie vive si el agua se hunde en el suelo.
El agua es para el hombre vida y consuelo,
regalo y cielo.

Paren la alevosía, busquen más lejos,
que Pascua Lama existe como un espejo
de luces aurorales bruñido y viejo
sobre el desierto pardo y el negro puerto,
negro reflejo.

El agua es para el hombre
la bienamada,
pero podría hacerse copa vaciada
si no alzamos el puño contra el abuso
de cambiar los glaciares por oro sucio,
por oro sucio.

“El glaciar nació altivo y era agua pura
pero muy pronto el hombre la puso dura”